Su hijo, Don Juan Vidal González, agricultor, propietario, comerciante y exportador, construye el inmueble que nos ocupa con materiales propios de la zona a finales de los años cuarenta del pasado siglo (“Cantera de La Peraza”), para dedicarlo a empaquetado de tomates, actividad productiva esta que disfrutó de sus mejores tiempos cuando llegaron al pueblo las aguas corrientes traídas por los canales del Sur e Intermedio Norte-Sur, además de la atarjea de Los Abejones, con los inicios de los años cincuenta. Constaba entonces de un amplio salón para el tratamiento de los frutos que se exportaban a Londres, Liverpool y otros puertos del continente europeo. La edificación llevaba anexada otra estancia menor conocida como “Cuarto del guano” para proteger y mezclar los fertilizantes, “hacer el guano” y otra tercera, de tamaño reducido, donde se hallaba instalado el generador de luz que permitía trabajar de noche (“Cuarto del motor”). El frontis principal, al abrigo de las brisas, contaba además con una estancia superior que nació con vocación de vivienda, pero que acabaría terminando por destinarse al servicio de la administración del industrial. Justo al lado, al margen derecho dela vía, se construyó una pequeña estanquilla (“tanquilla”) donde, por inundación, se teñían de añil las tapas de los ceretos (cestos) y algunas virutas para imprimirles cierto empaque a la hora de lucirlos en los mercados internacionales.


Esta explotación agraria decae por causa del cambio social que se produciría en el término con la llegada del turismo. La población activa pasa en un elevado porcentaje del sector primario al terciario o de servicios, mucho más rentable, seguro y llevadero. Se trata de las dos revoluciones económicas de mayor relevancia que sufriera el Sur tinerfeño durante la segunda mitad del siglo XX. La señalada estancia entra, por esta causa y porque ya se había inaugurado la Cooperativa de Nuestra Señora del Carmen para la exportación de productos agrícolas, en un periodo de absoluto abandono, con el consecuente deterioro de sus modestas instalaciones. Algún tiempo después, allá por los inicios de los años sesenta, este local, situado en las proximidades al lugar donde se asentaron allá por los últimos años del siglo XVI los primeros colonos de la localidad, léase Risco de Chimiche (La Solana), de la familia de los Arocha, Cuevas de las Guillenas o de Los Guillenes (Lomo del Estanco), de la familia de los titulares del mismo patronímico, así también junto a la entrada del que fuera camino de arrastradero, más tarde Calle Real, y a la vera de la vieja y entrañable Carretera General del Sur C-822, es posteriormente adquirido en régimen de arrendamiento por Don Filiberto Sacramento García, un chimichero llegado de la emigración, para dedicarlo a cantina que le permitiese vivir modestamente de ella sin mayores aspiraciones.

Perteneciente al Menceyato o Reino de Abona, inicialmente el solar donde se halla ubicada esta noble casa, finalizada la conquista de la isla, pasó a manos del Duque de Medina Sidonia, que lo recibió en pago por los servicios prestados al Adelantado Fernández de Lugo en la guerra de conquista de la isla de Tenerife, puesto que se halla situado al Norte de la Cruz del Lindero. Juan de Gordejuela, Regidor de esta isla y Apoderado del Duque, por mañas, logra para sí la mayor parte del territorio de esta data, que acabaría conociéndose finalmente como “Heredad de Las Vegas”.


A su muerte, sin descendencia y muy mal avenido con sus familiares más próximos, deja toda la demarcación en herencia a las monjas Recoletas del Realejo. Esta comunidad religiosa la administró hasta que fuera desamortizada en el año de 1.837. Después de este proceso, la susodicha heredad pasa a manos privadas. El lugar y una gran parte de la totalidad de la cabida es adquirida, en puja y mediante posterior compra, por Don Agustín Guimerá y Ramón, un acaudalado comerciante catalán afincado en la Capital. Uno de sus legítimos hijos y heredero, Don Arístides Guimerá y Castellano, vende esta parcela por un módico precio a Don José Vidal Arocha (“Sr. Pepe Vidal”) por un puñado de onzas en monedas de oro.

Este establecimiento se populariza entonces con la denominación de “Casa Fito”. Su hijo y heredero, también Don Filiberto, experto conocedor del ramo, luego de adquirirlo en propiedad por venta de su titular, decide con buena fortuna elevarle de categoría. Instala en su lugar un restaurante de lujo decorado en rústico, con instalaciones, cocinas, servicios y ambientación encomiables. Su nuevo y emprendedor dueño, amplía las instalaciones con aparcamientos, terrazas y alpendes, todo de corte tradicional. Desde esta atalaya, el cliente puede disfrutar de magníficas vistas del pueblo y de la costa o contemplar los modelos de vivienda propios del lugar, tanto excavadas como autoconstruidas, entremezcladas siempre con testimonios de su hacer agrario entre gochos, huertos y bancales. A día de hoy la actividad se mantiene muy floreciente gracias a su acogedor ambiente, a la calidad del producto que ofrece y por consecuencia del esfuerzo, la amabilidad o el cariño, la dedicación y los desvelos con que, tanto su joven propietario como el resto del personal, le prodigan para satisfacer a su amplia, distinguida, fiel y selecta clientela, así como por su óptima relación calidad-precio.

reservas.html
bienvenidos.html
espacios.html
la_carta.html
contacto.html
celebraciones.html
https://www.facebook.com/pages/Casa-Fito-Chimiche/155587947825516?fref=ts
http://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g1064195-d2520606-Reviews-Casa_Fito-Granadilla_de_Abona_Tenerife_Canary_Islands.html